Muchas veces esperamos los peores momentos para decir las cosas, lo que tenemos guardado, atragantado, incluso lo que realmente pensamos del otro, incluso la agonía de alguien que está por morir (como en las novelas), incluso muchas veces se lo decimos a los muertos, y a veces nunca lo decimos. Pero esto último que quiere decir, que si pensamos algo feo, que nos desagrada de alguien, igual tenemos que relacionarnos con esa persona para tener una respuesta defensiva guardada en ese momento.
Está claro que en las personas, no siempre lás relaciones son de la mejor manera. Es más creo que casi nunca, y hay que aprender a convivir con estas cuestiones, sin estar pensando lo que el otro piensa realmente, o finge pensar. Incluso obviamente tampoco hay que pensar que piensa el otro de nosotros. Y es que no es lo que vengo a plantear hoy.
Los impulsos son naturales, van de la mano con el temperamento y la personalidad de la persona.
Hay personas que no se callan en el momento adecuado, se quejan o reclaman cuando hay que hacerlo. Estan las otras personas que por ahí al opuesto, no hablan en el momento adecuado y cuando lo hacen es como un efecto rebote, la liga el que pasaba. Lo loco de todo esto es que, tenemos que tener un equilibrio entre estos dos extremos y es lo que justamente nunca pasa en la sociedad. Las personas a veces tenemos un instinto animal, habría que ver que animal le toca a cada uno.
Lo que si está claro es que hay que relajar más, pero saber actuar en el momento justo, igual es sólo mí humilde réflexion. LQTadentro tiene que salir, nunca es bueno guardarse nada.
La cosa es ¿como? o ¿de que manera?
Autor
Fernando Javier Casanova

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. Sigue enseñando el maestro Aristóteles 👍🏽
ResponderBorrar